Alí Babá y los cuarenta ladrones. Cuento infantil
Para que escuchen vuestros hijos o hijas. O vosotros mismos, quién sabe.
Alí Babá y los cuarenta ladrones. Cuento infantil
Para que escuchen vuestros hijos o hijas. O vosotros mismos, quién sabe.
La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).
Ángel González
Prometo que este no es mi estado. Quizás sí el de cabreado por muchas razones que supongo irán pasando y el de indeciso por no saber realmente que camino tomar. Melancolía porque después de tratar la fotografía desaturándola, ajustando los niveles, aplicando texturas… llegué a este resultado y me vino el título sin esfuerzo. Por eso se quedó con él. Y además, me voy a subir la autoestima y, los que me vais conociendo, sabéis que no es mi fuerte: me encantó y esta mañana me sigue encantando más que ayer.
Por cierto: los tristes no escuchen la canción.
Él vive en Francia y yo en Salamanca. No hablamos mucho a no ser algún mensaje en twiter o los comentarios en los respectivos blogs. Pero ya van unas cuantas coincidencias, algunas publicadas y otras no. Me estoy empezando a mosquear aunque por otra parte me alegra que. sin copiar, sea capaz de ver en parte lo que él, todo un artista, ve.
FOTO DE ÓSCAR VELAZQUEZ. RAMPA PARA EL ACEITE
El aspecto de la isla, cuando a la mañana siguiente subí a cubierta, había cambiado por completo. La brisa había amainado, y, aunque durante la noche navegamos bastante, en aquel momento nos encontrábamos detenidos en la calma a media milla del suroeste de la costa oriental, que era la más baja. Bosques grisáceos cubrían gran parte del paisaje. En algunos puntos esa tonalidad monótona se salpicaba con sendas de arena amarilla desde la playa y con árboles altos, parecidos a los pinos, que se agrupaban sobre la general y uniforme coloración de un gris triste. Los montes se destacaban como rupturas de la vegetación y semejaban torres de piedra. Sus formas eran extrañas, y el de mas rara silueta, que sobresalía en doscientos o trescientos pies a los otros, era el Catalejo; estaba cortado a pico por sus laderas y en la cima se truncaba bruscamente dándole la forma de un pedestal.
La isla del tesoro. R.L.Stevenson
Esta es una nueva versión de una que publiqué hace años en un antiguo blog que tenía.
Por primera vez me he quedado sin ideas para ponerle un título. Si queréis, os lo dejo a vosotros/as.
Para los que no creen en la telepatía. Hace unos días, Óscar publicó esta fotografía Pole position Yo no la había visto porque estaba de viaje y a la vuelta me la encontré. Si alguien duda, allá él/ella. La única diferencia es que éste ganó la carrera.