Obama se ha convertido en el símbolo del cambio, no por su piel, sino por ser capaz de convencer a más de medio planeta de que el cambio era posible. Ahora depende de él, sólo de él. Pronto sabremos qué condición es más humana, su valentía o nuestra ingenuidad.
Ignacio Escolar. Público
¿Significa todo esto que da lo mismo Obama que Bush? Ni la izquierda más radical responde afirmativamente a esta pregunta. “Hay que esperar del nuevo presidente el tipo de cosas que cualquier persona civilizada haría, como cerrar Guantánamo, pero no veo que esto pueda considerarse ejemplar o extraordinario”, opina Michael Albert, fundador de ZMag, referente de los grupos antiglobalización estadounidenses. “Si sustituyes a un maníaco, dar marcha atrás a algunas de sus medidas no significa embarcarse en un auténtico proyecto de cambio”, concluye.
Pere Rusiñol. Público
oda la rutilante liturgia inaugural del mandato, con su fanfarria y su star system, con su estudiada emotividad y su peliculera grandeza, estaba al servicio de ese rasgo fundamental del hecho democrático: el pacto social expresado a través de la palabra. Con la palabra conquistó su victoria el nuevo presidente, y con ella tendrá que defender su razón. Porque ese pueblo sí cree en las virtudes públicas, y entiende que cuando un gobernante le habla suscribe un contrato moral. Para lo demás, como en Hamlet, siempre queda el silencio.
Ignacio Camacho. ABC
DISCURSO redondo, perfecto en la forma y en el fondo, en las pausas y en la cadencia de la frase, hasta el punto de resultar difícil decir qué fue lo mejor de él. Pero si no tuviéramos más remedio que hacerlo, elegiríamos la «humildad y agradecimiento» de su arranque, el reconocimiento de la enorme crisis que atravesamos, los sacrificios que va a exigir superarla y la confianza de que será superada, como todas las anteriores, gracias al espíritu que anima desde su fundación a este país, que se crece ante los desafíos y se renueva tras cada batalla
José María Carrascal. ABC
No lo tiene fácil el presidente Obama. Sin embargo, quien hoy arrasa desde el carisma, e indudablemente ha demostrado un don extraordinario para interiorizar los veneros más profundos del pueblo americano, ha cimentado su victoria sobre la racionalidad aplastante, desde la organización y estrategia de la campaña, a la coherencia de sus mensajes. Y, ya presidente electo, ha sorprendido a muchos por el pragmatismo que traducen sus principales nombramientos.
Ana Palacio. ABC
A partir del 20 de enero el presidente Obama tiene que enfrentarse a una doble y muy difícil tarea. Por un lado, tratar de construir una América mejor; por otro, contribuir a un mundo más estable, más seguro y más justo. Soy consciente de los obstáculos que encontrará tanto en la esfera interna como en la internacional pero hay motivos para confiar en que los pueda superar. Primero, por su capacidad de ilusionar, patente desde el inicio de su campaña, su fe en el cambio y en el progreso. Segundo, por el gran apoyo del pueblo norteamericano. Tercero, por el apoyo de una abrumadora mayoría de los países del mundo, tanto de sus Gobiernos como de sus pueblos. Y cuarto, por la espectacular mejora en la imagen de EE.UU. producida por los resultados del 4 de noviembre.
Miguel Ángel Moratinos. ABC
Sin dejar pistas suficientes sobre su gestión en asuntos concretos, el discurso refleja la imagen de un Obama realista y consciente de la complejidad del mundo en el que le corresponde jugar un papel determinante. Tal vez muchos de los asistentes hubieran preferido algún guiño más concreto hacia sus preferencias ideológicas, y eso explica el entusiasmo limitado que demostró el público en algunos momentos. Fue, precisamente por ello, el discurso de un presidente -una condición cualitativamente distinta a la de candidato- que se mostró dispuesto a asumir el liderazgo moral que le corresponde.
ABC
Con todo, pesan a partir de hoy sobre los hombros del nuevo presidente de los Estados Unidos exigencias y problemas de todo tipo -internos, externos, globales- que, como acabo de decir, resulta imposible resolver de hoy para mañana. En la política no existen los milagros. Lo que sí existen son las convicciones y los valores. Y estos, espero, serán respetados. Tengo una inmensa confianza en las cualidades humanas de Obama. Por otra parte, Obama es consciente de que su mayor fuerza estriba en el dinamismo que ha sabido despertar en la juventud, en las clases más desfavorecidas de la población norteamericana y en las minorías étnicas. No las va a defraudar. Estoy convencido de ello.
Mario Soares. El País
El ya nuevo presidente, quizá por su insólita extracción y experiencia personal, ha dado muestras en su carrera hacia la Casa Blanca de haber comprendido muchas cosas que pueden serle de enorme utilidad en el desempeño de su trabajo. La más importante quizá sea entender que el mundo no es un dibujo en blanco y negro, habitado por buenos y malos. También, que su país no es ya la hiperpotencia incontestada de hace 20 años; que es necesario escuchar a los demás, amigos y enemigos; o que es muy importante rodearse de colaboradores de mente abierta.
El País
La elección de Barack Obama responde a un sentimiento de hartazgo y desconsuelo de la población americana que comparten muchas sociedades de otros continentes. Es, también, una respuesta generacional, una protesta de los jóvenes contra la autosatisfacción culpable de las clases dirigentes….
Con la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, América puede volver, por fin, a sus raíces y redescubrir lo mejor del legado de los padres fundadores, allí donde residen el aliento de la libertad y la pasión por la solidaridad. Ésta es condición indispensable para que el mundo salga del agujero en que se ha hundido. Ya se encargará la realidad de poner límites al sueño.
Juan Luis Cebrián. El País
Necesitamos de tal manera que algo sea diferente a como es -hoy también, a pesar de todo-, que nos aferramos al histórico relevo en la Presidencia de los EEUU que no deja de ser la Presidencia… de EEUU. Pero nuestros políticos deberían aprender la lección. Queremos dirigentes -y opositores- cercanos, que no se peleen, que vivan en el Siglo XXI tecnológico, que nos hagan creer -si quiera por unos días- que algo va a cambiar. Necesitamos un millón de Obamas.
Rosa María Artal. El periscopio. http://rosamariaartal.wordpress.com/
¿De donde ha salido este hombre? No pido que me digan donde nació, quienes fueron sus padres, qué estudios hizo, qué proyecto de vida diseñó para él y para su familia. Tudo esto lo sabemos más o menos, ahí está su autobiografía, libro serio y sincero, además de inteligentemente escrito. Cuando pregunto de dónde salió Barack Obama estoy manifestando mi perplejidad porque este tiempo en que vivemos, cínico, desesperanzado, sombrío, terrible en mil de sus aspectos, haya generado una persona (es un hombre, podía ser una mujer) que levanta la voz para hablar de valores, de responsabilidad personal y colectiva, de respeto por el trabajo, también por la memoria de aquellos que nos antecedieron en la vida. Estos conceptos que alguna vez fueron la argamasa de la mejor convivencia humana han sufrido durante mucho tiempo el desprecio de los poderosos, esos mismos que, a partir de hoy (podemos darlo por seguro), vestirán a todo correr el nuevo modelo y clamarán en todos los tonos: “Yo también, yo también.” Barack Obama, en su discurso, nos ha dado razones (las razones) para que no nos dejemos engañar. El mundo puede ser mejor que esto que parece una condena. En el fondo, lo que Obama nos ha dicho es que otro mundo es posible. Muchos ya lo veníamos diciendo desde hace tiempo. Tal vez la ocasión sea buena para que intentemos ponernos de acuerdo sobre el modo y la manera. Para comenzar.
José Saramago. El cuaderno de Saramago. http://cuaderno.josesaramago.org/