Cuando se construyó el pantano de Gabriel y Galán, muchas de las aldeas que estaban en sus alrededores fueron desalojadas pensando en que iban a ser inundadas. Nunca lo fueron y su decadencia se acrecentó con el paso de los años. Granadilla, Martinebrón y Cabaloria, cuya serie es la que vais a ver en estos días, fueron algunas de ellas.
Granadilla fue recuperado por el Ministerio de Educación como pueblo taller en el que alumnos de Institutos pasan unos días reconstruyendo lo que la mano del hombre destruyó. Pero nada volverá a ser igual. Los pueblos los hacen sus gentes y estas no volverán. Y no quiero entrar en cómo se está llevando a cabo esta reconstrucción. Eso se lo dejo a los expertos, pero no hay derecho a destruir decenas de casas reconstruir unas pocas porque necesitan de la piedra y la teja o de la aberración que han cometido con el castillo.
Pero Cabaloria sí quedó como auténtico pueblo fantasma, testimonio del abandono de una vida sostenible a favor de otra desarrollista que nos ha llevado a donde estamos ahora.

