El cementerio de los libros olvidados
CIERRA la librería “Aniceto” poco antes de que por la Ley de Arrendamientos Urbanos Boyer” tuviese que hacerlo y por una buena oferta que su propiedad ha recibido. Uno ya estaba helado por el frío matancero de estas horas pero la noticia me ha congelado hasta la capacidad de tiritar. ¿Qué quiere que le diga: que desaparece una de las librerías de mi infancia y no solo, y que también siempre ha estado ahí?
Pues eso. Y cuando digo siempre es siempre: hay que irse a 1876, año en el que, por fin, se eleva el agua del Tormes a la ciudad y está a punto de inaugurarse el tren de Medina del Campo a Salamanca, que trajo a Alfonso XII y más tarde a Pedro Antonio de Alarcón, que escribió después “Dos días en Salamanca”. Aquel año, Lorenzo Aniceto adquirió a Bernardo Gazapo la librería “Sagrado Corazón”, que se encontraba en la Rúa, hasta que a principios de los años ochenta del siglo pasado se echó abajo el edificio y desapareció aquella librería universitaria y religiosa, que lo mismo vendía tratados de Medicina y Derecho que tomaba medidas a los clérigos para sus sotanas.
Tras la muerte de Lorenzo se hizo cargo de aquel negocio su hijo, Antonio Aniceto, que además de comerciante fue concejal de los que cobraban una peseta al año y distinguían bien entre lo público y lo privado. Gentes que por encima de todo amaban a su ciudad. Padre e hijo, Lorenzo y Antonio, abrieron la librería “Aniceto” que tiene previsto cerrar el 21 de marzo.
Era 1953 y era un local más pequeño que el actual, cuyo tamaño creció en 1960 al adquirir otro vecino y ampliarse. En 1983 se pone al frente de esta librería salmantina José Luis Aniceto, hijo de Antonio, nieto de Lorenzo, que en 1973 había abierto frente
a San Marcos una librería que bautizó “Roma” en homenaje a una ciudad que amaba, en la que un tío suyo fue agregado cultural y porque, además, para estos casos un nombre corto era lo suyo, dijo. Venía a ser una sucursal de “Aniceto”. Así pues, hasta 1980 la familia gestionaba tres librerías en Salamanca. Luego, en 1980, cerró la de la Rúa y tres años más tarde fallece Gabino, mítico encargado de “Aniceto”, toda una institución en el negocio y la familia, pasando José Luis a hacerse cargo de esta librería y cerrando “Roma”. Lo de José Luis era pasión por los libros, tanto que pasó de estudiar Químicas a Filosofía y Letras, y de aquí a leer, sobre todo, Filosofía: un buen día comunicó a la familia que quería ser librero. Y lo fue de cuerpo y alma hasta su fallecimiento en 2003, cuando toma el relevo su esposa, María Cuéllar.
Nada menos que 135 años han pasado desde que el abuelo Lorenzo adquiriera “Sagrado Corazón” e inaugurase tres generaciones de comerciantes relacionados con la papelería y el artículo religioso, sobre todo. Salvo velas, imágenes de santos, formas y vino de misa, creo haber comprado de todo en “Aniceto”: desde la estilográfica escolar hasta la agenda de nuestros días, así pues qué quiere que le diga. Que sea para bien.
El Bestiario de Santiago Juanes



























































