
Ya terminó la fiesta de los mercenarios. Cada cuatro años los países con mejores selecciones escogen a sus más aguerridos mercenarios y luchan entre sí hasta que una de ellas queda vencedora. Digo mercenarios porque sus componentes suelen venderse al mejor postor a cambio de sumas inimaginables, de sueldos insultantes, de ingresos publicitarios mareantes y que, además, necesitan el estímulo de una prima económica para dar lo mejor de ellos mismos. En ese sentido se ha perdido el viejo espíritu del deporte.
Pero había prometido que no iba a escribir con acidez por lo que abandonaré este tono y este camino. Justamente pretendo lo contrario. Ensalzar el espíritu de modernidad que esta selección de fútbol nos transmite y del que deberíamos aprender en sus aspectos más positivos.
Comencemos por el líder del grupo. Es esencial para lograr llegar a conseguir las metas que un grupo se propone. Nosotros hemos tenido la suerte de tener dos maravillosos líderes en los últimos tiempos, de caracteres diferentes, pero con una idea muy parecida del fútbol y que han sido capaces de transmitir sus ideas al grupo manteniéndolo cohesionado, sacando lo mejor de cada uno de ellos, haciéndoles ser importantes aunque alguno sabía que no iba a jugar. El que inició esta transformación fue Luis Aragonés. Hasta entonces la selección española estaba formada por hombres fuertes físicamente, de espíritu racial, técnicamente no muy brillantes salvo raras excepciones que siempre fueron criticadas (Cardeñosa, por ejemplo) y que respondían al nombre de “La Furia española”. La idea que transmitía su juego es que había que ganar por lo que todos sabemos y así terminábamos siempre, encontrando un rival más fuerte y listo que tú. El ejemplo más claro fue la Italia del cabezazo a Luis Enrique. Luis no era un entrenador al uso. Su idea del fútbol era más moderna: juego en equipo, toque, estrategia, dominio de la pelota, disfrute en el campo, técnica, solidaridad entre los compañeros, ayudas, participación colectiva en el juego… Poco a poco, a pesar de los fracasos iniciales que todo proyecto conlleva, logró uno de los mayores éxitos del deporte español al ganar la Eurocopa hace dos años. Al final dimitió. Su personalismo, sus formas un tanto bruscas, sus salidas de tono… hicieron que al final se prescindiera de él.
Pero, y he aquí lo extraordinario, España poseía otro líder capaz de continuar por esa línea: Vicente del Bosque, “Tito del Bosque”. Él es salmantino y yo también, Espero que no se me note nada. Sus comienzos fueron difíciles al pensar que no iba a ser capaz de continuar con el trabajo de su antecesor, lo llamaron cobarde y carente de ideas por mantener el mismo estilo de juego… Pero poco a poco, en silencio, con las ideas muy claras, sin hacer caso de las críticas negativistas, fue imponiendo su sello personal en la selección renovando a aquellos jugadores que por edad, por no encontrarse en buen estado de forma, por adaptarse mejor a sus ideas,… encajaban mejor en su proyecto. Dando mucha importancia al trabajo, no alardeando de nada, con humildad mal confundida con la timidez, con discreción, con bonhomía no exenta de autoridad, con las ideas claras y buscando siempre a los jugadores que mejor podían adaptarse a sus estrategia sin importarle los nombres, con carácter, dando libertad a sus jugadores para que en un momento determinado decidieran ellos sobre el campo (el gol de Puyol vino de una decisión de los jugadores)… ha sabido ganarse el cariño de sus jugadores y de la afición. Ha dado a España el mayor, o uno de los mayores éxitos de su deporte a lo largo de la historia y, lo que es más importante, ha marcado las líneas de futuro. España ya no podrá jugar de otra manera. Se podrá ganar o perder, pero España tendrá a partir de ahora un estilo de juego moderno, ilusionante, divertido, un estilo que ya es admirado por las aficiones de todo el mundo y que está empezando a revolucionar el fútbol mundial.
Todo un ejemplo de lo que debe ser un líder y de los que desgraciadamente carecemos en otras facetas de nuestra vida, por ejemplo, la política. Ayer, sin ir más lejos, se dio un caso de oportunismo y aprovechamiento por parte de nuestro Presidente. Es verdad que es el Presidente de España y como tal le correspondía hacer el recibimiento oficial. No soporto a Rajoy. Pero ayer se tenía que haber rodeado del resto de líderes políticos (lo que hubieran querido porque ya sabemos que hay algunos que no consideran esta selección como suya y me parece respetable) para no dar la impresión de querer apropiarse de un éxito que no le pertenece. Un verdadero líder hubiera evitado esa situación por la que hoy le van a llover palos hasta en el carné de identidad. De hecho ya he escuchado pocas horas después alguna crítica en este sentido.
Gracias Vicente, a ti y a tu equipo de colaboradores por enseñarnos como debemos hacer las cosas. Sin quererlo has marcado un camino que nos pude ayudar mucho a conseguir un país moderno, competitivo, influyente, un camino que nos puede ayudar a luchar de manera más eficaz contra esta crisis bestial. Afortunadamente, y espero que continúes muchos años en el cargo, la generación que viene detrás es igual que vosotros. No voy a citar nombres porque están boca de todos.
Pero un entrenador no es nadie sin un buen equipo y España lo tiene. Jugadores jóvenes, formados en las mejores canteras del fútbol español, que han aprendido conceptos de juego modernos importados de otros países, que han perdido el miedo a salir a jugar fuera de España, disciplinados, con ilusión, con fe ciega en sus posibilidades, con una buena relación personal o que por lo menos dejan sus diferencias fuera de su trabajo, con una fidelidad a su líder fuera de toda duda, sin cuestionar, por lo menos en público, sus decisiones. Jugadores con talento, técnicamente envidiables, compensados con otros que aportan más físico, jugadores que enamoran por como tratan la pelota, que juegan para el equipo y que reconocen sin miedo cuando se equivocan. Y eso no se improvisa. Eso se aprende a base de muchas horas de entrenamiento, de trabajo, de sacrificio, aprendiendo a manejar ambas piernas, a interiorizar las tácticas. Muchos de ellos formados en las escuelas de fútbol de sus clubes que no solo dan importancia al deporte sino a la formación integral de la persona anteponiendo en muchos casos los estudios al deporte. Da gusto ver como cada día hay más jugadores con carreras universitarias, ávidos lectores, personas con opiniones propias y con las cabezas, como se dice vulgarmente, bien amuebladas. Todo un ejemplo para esos padres que piensan que porque su hijo es pequeño y juega bien ya tiene la vida resuelta sin preocuparse de sus estudios, disculpándoles todo, sin enseñarles lo que es el esfuerzo, el trabajo, la capacidad de superación, sin darles otras herramientas por si las otras fallan. Y sé muy bien de lo que estoy hablando.
Espero que seamos capaces de sacar conclusiones para nuestra vida diaria. Creo que he intentado dejarlas claras. Pero por si acaso no es así, os dejo esta frase que del Bosque le dijo a nuestro Presidente: “Siempre que llueve, escampa”. Más claro, el agua. De nosotros depende que escampe antes.
Estoy contento. Los que me conocéis un poco sabéis que pienso que cada uno tiene que realizar su trabajo lo mejor que pueda. La selección española lo ha hecho, nos ha dejado disfrutar. Hasta aquí, bien. Pero creo que a la mayoría de nosotros no nos pagan una prima por desempeñar nuestro trabajo (sé que en algunos lugares se hace por objetivos). Estoes lo único insultante para mí de este campeonato. 600.000 €, pagados por ganar un campeonato en un continente que padece la pobreza hasta extremos insospechados me parece vergonzoso. Yo no la hubiera pagado pero, puestos en esta situación, hubiera dejado allí ese dinero para ser considerado verdaderamente un Campeón de la Humanidad.


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